Elinor Ostrom: El gobierno de los recursos comunes

Descripción de la publicación.

Juan Diego Londoño

3/14/202410 min read

a couple of deer standing on top of a lush green field
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En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, presentamos la serie “Mujeres en las Ciencias”, un esfuerzo por destacar y recordar el trabajo académico de mujeres excepcionales que se han abierto camino en campos del conocimiento dominados típicamente por hombres blancos. Este trabajo no solo busca resaltar sus logros académicos, sino también reflexionar sobre la importancia de la representación femenina en todos los ámbitos del saber.

Llama la atención que, si bien trece mujeres han sido galardonadas con el Premio Nobel en campos científicos como la medicina o la fisiología desde 1901, en el ámbito de la economía solo tres mujeres han sido honradas por la Academia Sueca de las Ciencias, y todas estas distinciones se han otorgado en el siglo XXI. Este hecho nos motiva a destacar y celebrar el trabajo excepcional de las mujeres en un campo de tanta relevancia social como es la economía.

Esta entrega marca el inicio de una serie de tres partes, donde exploraremos la vida y discutiremos la obra de mujeres que han superado inmensos desafíos para dejar un legado a la humanidad.

Lo que es de todos no es de nadie: El problema de los bienes comunes

El problema de los bienes comunes, tal como lo conocemos hoy en día, fue abordado relativamente tarde por los economistas. Si bien algunos clásicos como Smith, David Ricardo y John Stuart Mill hicieron referencia a temas tangenciales como la propiedad privada, el uso de la tierra y la competencia, no fue hasta bien entrado el siglo XX que se desarrolló plenamente el concepto de "bien común". Este concepto se basó en ideas previamente introducidas por filósofos como Aristóteles, Locke y Hume (naturalmente, el tema del gobierno y manejo de lo “común” resultó ser de más interés para los filósofos que abordaron este tipo de problemas en el contexto de la moral, el estado y el derecho).

William Forster Lloyd (1794-1852) fue el primero en presentar el concepto de “la tragedia de los bienes comunes” en su obra "Two Lectures on the Checks to Population" en 1833. Sin embargo, fue el biólogo Garrett Hardin quien desarrolló y popularizó el término en su ensayo seminal de 1968 titulado "The Tragedy of the Commons". La tragedia de los comunes establece que los individuos, actuando de manera racional y persiguiendo sus propios intereses, tienden a explotar los recursos comunes al máximo, sin considerar las consecuencias a largo plazo.

Lloyd ilustraba que la ausencia de propiedad privada o de una regulación efectiva en torno a la gestión de bienes comunes conduciría a resultados no deseados, como la degradación del medio ambiente, la pérdida de biodiversidad y la disminución de la calidad de vida de las personas que dependen de esos recursos.

Hoy en día podemos identificar distintos bienes comunes que siguen estando sujetos a los desafíos fundamentales de la gestión de recursos. Por ejemplo, pastizales, bosques, sistemas de irrigación, pesquerías e incluso la atmósfera. La gestión inadecuada de los bienes comunes puede tener graves consecuencias económicas, sociales y ambientales, tanto a corto como a largo plazo. Por ejemplo, la sobreexplotación de los recursos pesqueros puede llevar al colapso de las poblaciones de peces, afectando la seguridad alimentaria y los medios de vida de las comunidades costeras. La deforestación descontrolada puede conducir a la pérdida de hábitats naturales, la erosión del suelo y el cambio climático. La contaminación del aire y el agua puede causar enfermedades respiratorias y problemas de salud crónicos en las poblaciones expuestas.

El estudio de los bienes comunes es crucial para desarrollar estrategias efectivas de gestión y conservación de recursos que equilibren las necesidades humanas con la sostenibilidad a largo plazo. Esto incluye la identificación de principios y prácticas de gobernanza que promuevan la colaboración, la responsabilidad compartida y la adaptabilidad a los cambios ambientales y sociales.

Elinor Ostrom: La vida de una pionera en la economía

Elinor Ostrom (1933-2012), una figura destacada en el campo de la economía y la gestión de recursos, dejó un legado que continúa inspirando a académicos y líderes en todo el mundo. Su trabajo revolucionario sobre la gobernanza de los bienes comunes le valió el Premio Nobel de Economía en 2009, convirtiéndola en la primera mujer en recibir este prestigioso reconocimiento en la disciplina económica.

Nacida el 7 de agosto de 1933 en Los Ángeles, California, Ostrom demostró desde temprana edad una curiosidad innata por los sistemas sociales y la asignación y gestión de recursos. Después de completar su licenciatura en ciencia política en la Universidad de California en Los Ángeles, obtuvo su doctorado en la misma disciplina en la Universidad de California en Los Ángeles en 1965.

A lo largo de su carrera, Ostrom desafió las concepciones tradicionales de la economía, centradas en gran medida en los principios del mercado y la intervención gubernamental, o la típica dicotomía entre mercado y estado. Su enfoque interdisciplinario y su profundo compromiso con el estudio de campo la llevaron a entender mejor cómo las comunidades locales gestionan y protegen sus recursos naturales y sociales.

Durante su posgrado, Elinor formó parte de un seminario en el que se estudiaban grupos de acción colectiva; el supervisor del seminario era Vincent Ostrom, un profesor asociado de Ciencias Políticas catorce años mayor que Elinor y con quien se casó en 1963. Vincent fue una influencia significativa en la carrera académica de Elinor. Juntos crearon el Taller de Teoría Política y Análisis de Políticas en la Universidad de Indiana, actualmente un importante centro de investigación que atrae a estudiosos de todo el mundo especializados en ciencias políticas, economía, antropología, ecología, sociología, derecho y otros campos.

La obra de Ostrom: Un cambio de paradigma en el dilema mercado/estado

Elinor Ostrom abordó una amplia gama de temas a lo largo de su carrera, y llama la atención que su obra no se desarrolló en un departamento de economía, sino en uno de ciencia política. Aunque exploró temas como instituciones y gobernanza, desarrollo económico, diseño de políticas públicas y teoría de la elección pública, su trabajo más influyente se centró en el estudio de los bienes comunes, lo cual la hizo merecedora del premio Nobel “por su análisis de la gobernanza económica, especialmente sobre los comunes”, siendo central su obra de 1990 sobre El gobierno de los Comunes.

Contrario a la creencia predominante en la economía de que los bienes comunes están condenados al fracaso o a la tragedia debido a la sobreexplotación, Ostrom demostró que las comunidades pueden, y a menudo logran, gestionar eficazmente estos recursos sin necesidad de intervención gubernamental o privatización. Su trabajo desafió la visión trágica de Hardin que se había convertido en el estándar convencionalmente aceptado del pensamiento económico, y demostró que las comunidades pueden autogobernarse de manera efectiva.

Además, el trabajo de Ostrom proporciona un marco teórico y empírico para entender cómo las comunidades pueden colaborar para gestionar recursos compartidos. Sus investigaciones han demostrado que las soluciones descentralizadas y basadas en la comunidad pueden ser igualmente efectivas, si no más, que las soluciones centralizadas o de mercado, desafiando así las suposiciones convencionales sobre la economía y la política.

El trabajo de Elinor Ostrom ha tenido un impacto profundo en una variedad de campos, desde la economía y la política hasta la ecología y la sociología. Su enfoque centrado en las comunidades ha inspirado numerosas iniciativas de gestión de recursos en todo el mundo, desde la gestión de sistemas de irrigación en India hasta la protección de áreas forestales en África.

Una mirada más cercana: Reflexión y crítica

En efecto, Ostrom puso en tela de juicio la noción predominante de que la ausencia de propiedad privada inevitablemente conduciría a la sobreexplotación de los recursos comunes. También ofreció un marco conceptual para ver de forma diferente la realidad política y económica que nos rodea y abordar los problemas de naturaleza pública con una mentalidad más amplia.

A través de su extenso trabajo de investigación y estudio de campo, Ostrom demostró que las comunidades son capaces de gestionar eficazmente sus recursos compartidos sin necesidad de intervención externa e identificó una serie de principios clave que contribuyen al éxito en la gestión de los bienes comunes:

  • Claridad en los límites y reglas de uso: Las comunidades exitosas suelen establecer reglas claras sobre quién puede utilizar los recursos, cómo y cuándo.

  • Participación de los usuarios en la toma de decisiones: La toma de decisiones descentralizada y participativa, en la que los usuarios tienen voz y voto en las cuestiones relacionadas con el manejo de los recursos, es fundamental para la efectividad de la gestión de los bienes comunes.

  • Rendición de cuentas: Los usuarios son responsables de cumplir con las reglas establecidas y de sancionar a aquellos que no lo hagan, lo que promueve la responsabilidad individual y colectiva.

  • Adaptabilidad: Los sistemas de gestión de los bienes comunes exitosos son flexibles y capaces de adaptarse a cambios ambientales, sociales y económicos.

Mediante el estudio detallado de casos concretos en todo el mundo, Ostrom demostró que estas características son clave para el éxito en la gestión de los recursos comunes. Su trabajo desafió la visión simplista de que la propiedad privada o la regulación gubernamental son las únicas soluciones viables para evitar la sobreexplotación de los recursos comunes. En cambio, destacó la importancia de la participación comunitaria, la colaboración y la adaptabilidad a la hora de establecer sistemas efectivos de gestión de bienes comunes que permiten la sostenibilidad a largo plazo de dichos recursos.

Hay varios ejemplos concretos de sistemas de gestión efectivos que han sido estudiados y documentados por Elinor Ostrom y otros investigadores. Estos ejemplos demuestran que las comunidades pueden gestionar con éxito sus recursos compartidos utilizando una variedad de enfoques y estrategias:

  • Irrigación en Nepal: En su trabajo pionero, Elinor Ostrom estudió la gestión de sistemas de riego en Nepal. En muchos casos, las comunidades locales han desarrollado sistemas de gestión de agua altamente eficientes y sostenibles a lo largo de siglos de práctica. Estos sistemas a menudo implican la asignación equitativa de agua entre los usuarios, así como la colaboración en la construcción y mantenimiento de infraestructuras de riego.

  • Pesquerías en Japón: Ostrom también investigó la gestión de pesquerías en Japón, donde encontró ejemplos de cooperativas de pescadores que han desarrollado sistemas de gestión de recursos marinos que promueven la conservación a largo plazo. Estas cooperativas establecen cuotas de pesca y reglas sobre el tamaño mínimo de los peces capturados, lo que ayuda a prevenir la sobreexplotación y garantiza la sostenibilidad de las poblaciones de peces.

  • Pastoreo en Suiza: En las regiones alpinas de Suiza, las comunidades han desarrollado sistemas de pastoreo comunitario que regulan el acceso de los pastores a los pastizales de montaña. Estos sistemas incluyen acuerdos sobre la rotación de pastoreo, el número de animales permitidos y la protección de áreas sensibles, lo que ha permitido la conservación de los pastizales alpinos durante siglos. Este caso contrasta con la situación observada por Lloyd frente al sistema de pastizales comunes en las zonas rurales de Inglaterra hace casi dos siglos.

  • Manejo forestal en Maine, EE. UU.: En el estado de Maine, Estados Unidos, se han desarrollado cooperativas forestales donde los propietarios de tierras trabajan juntos para gestionar de manera sostenible los bosques y promover la conservación de la biodiversidad. Estas cooperativas establecen normas y prácticas de manejo forestal que equilibran la extracción de madera con la conservación de la salud del ecosistema forestal.

Estos son solo algunos ejemplos que demuestran que las comunidades pueden gestionar con éxito sus recursos compartidos cuando se aplican principios de colaboración, participación y responsabilidad compartida.

Si bien la obra de Elinor Ostrom ha sido ampliamente aclamada y reconocida, también ha enfrentado algunas críticas importantes.

  1. Generalización de los resultados: Algunos críticos argumentan que los casos estudiados por Ostrom son bastante específicos o incluso excepcionales, lo que dificulta generalizar los resultados de sus observaciones y aplicarlos en otros contextos. Aunque Ostrom identificó una serie de principios comunes en la gestión de los bienes comunes, es posible que estos principios no sean aplicables en todas las circunstancias y que existan particularidades sociológicas en las comunidades que cooperan de manera efectiva que no se han tenido en cuenta.

  2. Énfasis en casos exitosos: Ostrom se centró en casos de éxito donde las comunidades lograron gestionar eficazmente sus recursos compartidos. Este enfoque puede generar un sesgo y llevar a conclusiones equivocadas al omitir el análisis de casos de fracaso o de situaciones donde la intervención externa fue necesaria (o más efectiva) para evitar la sobreexplotación de los recursos comunes.

  3. Limitaciones metodológicas: La metodología utilizada por Ostrom en sus estudios de caso incluye gran variedad de métodos cualitativos, que como sabemos, están sujetos a la subjetividad y por tanto a sesgos en las percepciones y prejuicios del investigador. Aunque estos métodos de investigación son bastante comunes en áreas como la sociología, antropología y los estudios políticos, es necesario complementarlos con enfoques más cuantitativos para validar las conclusiones de manera más amplia y rigurosa.

  4. Estrechez de enfoque: Ostrom se centró en evaluar la eficacia de los sistemas de gestión de bienes comunes y en su capacidad para evitar la sobreexplotación de los recursos. Sin embargo, algunas cuestiones centrales sobre el “problema de los bienes comunes” se han dejado de lado; por ejemplo, su trabajo no aborda adecuadamente conceptos fundamentales como la equidad y la justicia en la distribución de los beneficios y costos entre diferentes grupos dentro de una comunidad (tal vez porque, como vimos anteriormente, el problema de lo común fue en principio un problema filosófico antes que económico).

Estas críticas no invalidan en ningún momento el gran valor de la obra de Ostrom ni su impacto en el campo de estudio de los bienes comunes. Por el contrario, reflejan debates legítimos sobre los enfoques metodológicos, las conclusiones y las implicaciones de su trabajo, que continúa siendo objeto de investigación y discusión en la comunidad académica.

Esperamos que la vida y obra de Ostrom continúen siendo una inspiración para las futuras generaciones y que sirvan de punto de partida para cuestionar el enfoque dicotómico en el que los dueños del saber nos han atrapado durante tantos años.

Fue la primera persona en su familia en obtener un título universitario. En esa época, señala Ostrom, una mujer no tenía grandes aspiraciones laborales: "En esos días se suponía que el trabajo apropiado para una mujer era el de secretaria o el de maestra".